En noviembre de 2014, una jornada con niños de la Fundación MYA se llenó de abrazos, juegos y talentos que fueron apareciendo a medida que avanzaba el encuentro.
Una frase de aquel día lo resume bien: fue mucho más el amor recibido que el que se pudo dar. Esa reciprocidad recuerda que la obra social también transforma a quienes llegan a servir.
No todo encuentro se trata de llegar a entregar algo. También puede ser una oportunidad para aprender de una comunidad, dejarse transformar y recordar el valor de estar presentes.
