2017 · Quiba, Ciudad Bolívar · Bogotá

Antes de hablar de cuidado,
había que mirar el territorio.

Quiba · 2017

Tres jornadas conectaron territorio, educación ambiental, historias y relaciones con niños y jóvenes de Quiba. La experiencia empezó mirando el lugar que habitaban y terminó abriendo preguntas sobre cómo cuidarlo, cómo relacionarse y qué futuro imaginar.

Niños en Quiba con el territorio montañoso de Ciudad Bolívar al fondo
2017 · Quiba · Ciudad Bolívar, Bogotá
Un territorio que también contaba la historia

Quiba está en un borde de Bogotá donde la ciudad se encuentra con montañas, cultivos, caminos y agua.

Ese paisaje no fue solamente el escenario de las actividades. El territorio hacía parte de las preguntas: qué significa cuidar lo que está cerca, cómo se conectan las decisiones personales con una comunidad y de qué manera una historia puede ayudar a mirar de nuevo lo cotidiano.

Con niños y jóvenes, las jornadas pasaron por exploración, ciencia, reportería, teatro, semillas, ejercicios de confianza y conversaciones sobre sueños. No como una lista de actividades separadas, sino como distintas formas de relacionarse con el lugar y con quienes lo habitan.

Llegar también era aprender a mirar.

Las fotografías permiten recorrer esa experiencia desde los paisajes amplios hasta los gestos pequeños: escuchar, sembrar, recibir, confiar, conversar y volver a casa con algo nuevo entre las manos o en la cabeza.

2017 · tres jornadasQuiba
El recorrido

Una misma historia, contada desde el territorio hasta las relaciones.

Veintiuna fotografías acompañan este recorrido: llegar, reconocer, encontrarse, cuidar, compartir y volver con otra mirada.

Las 101 restantes continúan en la galería sin repetir las imágenes del relato.

01 · Territorio

Llegar también era aprender a mirar.

Quiba cambia la escala de Bogotá. Entre laderas, viviendas, colegios, cultivos y caminos, la ciudad empieza a mezclarse con un paisaje rural. Antes de hablar de cuidado, había que reconocer ese lugar como parte de la historia.

Colegio y construcciones dentro del paisaje de Quiba
La escuela dentro del territorio
Vista amplia del borde urbano de Ciudad Bolívar desde Quiba
La ciudad vista desde el borde
Paisaje verde y montañoso de Quiba
Entre montaña y ciudad
02 · Encontrarse

El cuidado empezó entre personas.

Escuela Cuenca reunió a 108 niños en tres grupos de 36. Reporteritos, científicos y excursionistas fueron maneras de explorar ambiente, identidad y relaciones desde la participación. El aprendizaje ocurría mientras preguntaban, observaban y construían juntos.

Niños participan en una actividad de aula en Quiba
Escuchar para participar
Grupo de niños durante una actividad educativa en Quiba
Aprender en grupo
Niños atentos durante una conversación en el colegio
La conversación también enseña
03 · Historias

Una semilla podía contar una historia completa.

En Quiba Baja, el teatro ambiental convirtió conflictos y decisiones en una historia de cuatro terrenos. En el último, una semilla encontraba la tierra adecuada para crecer. Cada niño aparecía representado en esa semilla y, al final, la metáfora dejaba el escenario: recibían semilla y tierra para sembrar.

Escena de teatro ambiental sobre la tierra durante la jornada en Quiba
La historia toma forma
Manos de niños trabajan con tierra durante la actividad de semillas
Poner las manos en la tierra
Semilla y tierra como parte de la actividad ambiental en Quiba
Una semilla para cuidar
04 · Cuidar

El agua, el bosque y la comunidad aparecían en la misma conversación.

La educación ambiental volvía una y otra vez al territorio. Observar lo que había alrededor permitía entender que el cuidado no era una idea abstracta: estaba en el agua, los árboles, los caminos y la forma en que una comunidad se relaciona con ese entorno.

Niños participan al aire libre en el territorio de Quiba
Salir a mirar lo cercano
Paisaje rural y urbano de Quiba en Ciudad Bolívar
Un territorio conectado
Montañas y viviendas vistas desde Quiba
Cuidar empieza por reconocer
05 · Compartir

Después de las historias, algo también volvía a casa.

Semillas, tierra y kits escolares acompañaron algunos cierres de jornada. No reemplazaban lo vivido ni eran el centro del encuentro. Eran gestos concretos que quedaban después de conversar, jugar, aprender y compartir el mismo espacio.

Niño recibe materiales durante una jornada en Quiba
Algo para llevar consigo
Entrega de materiales escolares a estudiantes en Quiba
Compartir como cierre
Estudiante con kit escolar durante la jornada de Quiba
El encuentro sigue fuera del aula
06 · Relaciones

Con los mayores, las preguntas cambiaron.

Con 36 estudiantes de noveno en Quiba Alta, las actividades se movieron hacia percepción, confianza, etiquetas y estereotipos. Una libreta de sueños abrió otra conversación: gustos, pasiones, intereses y posibilidades de futuro que cada joven podía empezar a nombrar por sí mismo.

Estudiantes de secundaria durante una actividad en Quiba Alta
Otras edades, otras preguntas
Jóvenes realizan un ejercicio de confianza con los ojos cubiertos
Confiar también se practica
Jóvenes comparten una actividad de grupo en Quiba
Mirarse desde otro lugar
07 · Huella

Tres jornadas no caben en una sola fotografía.

El registro termina como empezó: abriendo el encuadre. Entre niños, jóvenes, colegios y paisaje queda una historia hecha de relaciones. Quiba aparece como lugar y como comunidad; no como fondo, sino como aquello que conecta cada escena.

Jóvenes comparten un momento durante el cierre de la experiencia en Quiba
Lo que queda entre personas
Paisaje de Quiba al cierre del registro fotográfico
Volver con otra mirada
Sigue recorriendo

Tres jornadas.
122 fotografías.

Veintiuna fotografías acompañan el relato. Las 101 restantes continúan abajo para recorrer el territorio, las actividades y las personas sin repetir las imágenes anteriores.

122 fotografías21 en el relato101 más abajo2017 · Quiba