Hubo un tiempo en que sentarse alrededor de una mesa dejó de ser algo cotidiano. Las casas se cerraron, las distancias se hicieron más visibles y muchas conversaciones que antes ocurrían frente a frente tuvieron que encontrar otro lugar.
Las cenas virtuales nacieron dentro de ese momento. Cada persona desde su casa, cada comida en una mesa distinta y una pantalla conectando lo que físicamente estaba separado.
No compartíamos el mismo espacio, pero sí la decisión de hacernos presentes.
La cena era la excusa. Lo importante estaba en preguntar cómo estaba el otro, escuchar, conversar, reír, contar lo que había pasado durante el día y sostener una relación cuando el aislamiento podía convertir fácilmente la distancia física en distancia emocional.
En medio de la incertidumbre, estos encuentros recordaron que una comunidad también se construye en los gestos pequeños. Abrir una cámara. Reservar una hora. Sentarse a conversar. Volver a ver un rostro conocido.
2020 cambió muchas formas de encontrarnos. Las cenas virtuales fueron una de las maneras de decir que, incluso cuando no podíamos ocupar la misma mesa, todavía podíamos seguir compartiendo la vida.